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“Ya te llamaremos”

“Ya te llamaremos” me dice un funcionario público, ¿Cuándo van a llamar?  ¿Cuándo no necesitemos ayuda porque ya estamos muertos?

Mítica respuesta después de una entrevista de trabajo, extendida ahora a cualquier consulta que un ciudadano de a pie realice ante cualquier organismo público.

Si ya era problemática la situación actual de nuestras Administraciones, la crisis sanitaria derivada del Covid, ha hecho patente el desprecio absoluto a la ciudadanía española por parte de cualquier entidad pública.

Las únicas Administraciones que funcionan actualmente y que dan respuesta al ciudadano son los organismos sancionadores: Las multas de la DGT siguen llegando a tu buzón, los requerimientos de Hacienda también llegan a tu casa, las reclamaciones del Sepe si hay alguna prestación indebida y todo aquello que sirve como vía recaudatoria funciona a la perfección.

Ahora bien, si lo que necesitas es realizar una consulta o tramitar una prestación: “Date por jodido”.

Lo mismo ocurre si quieres realizar una queja porque “todos nuestros operadores están ocupados, inténtelo de nuevo más tarde”.

Nunca imaginé que la era de las comunicaciones, la era digital y donde todo fluye a la velocidad de un clic haya supuesto tal colapso en cuanto a las relaciones con los ciudadanos españoles.

Todo se soluciona con un contestador automático y una centralita que reparte la llamada una y otra vez hasta la desesperación de quién espera una voz humana al otro lado del teléfono.

Todavía no entiendo cómo es posible que a nadie se le haya ocurrido salir a la calle para manifestarse contra esta “dejadez de funciones” por parte de nuestras Administraciones.  No estamos hablando de un problema durante el mes de Marzo… Estamos hablando de un modo de trabajo que se ha consolidado para evitar que cualquier ciudadano pueda ejercer sus derechos y solicitar las prestaciones o servicios que le son reconocidos por Ley.

Que sigamos llamando al SEPE después de 6 meses con las oficinas cerradas mientras nuestras familias no llegan a fin de mes, porque ni siquiera han podido empezar a cobrar el ERTE o tramitar su desempleo después de un despido, o tramitar una pensión de viudedad… es una aberración sin precedentes del estado de bienestar del que tan orgullosos estamos.

Del mismo modo y sin discutir si hay o no personal médico para tratar a nuestros enfermos, hemos reducido todo al “Ya te llamaremos” para darte una nueva cita, para realizar una consulta médica por teléfono como si el enfermero o el médico que atiende esa llamada pudiese conocer los síntomas sin mirarte a la cara y mucho menos el cuerpo.

Es la crónica de una muerte anunciada, pero la nuestra… No moriremos de Covid, moriremos de desatención, de hambre y  de miseria, siendo una cifra más de sus estadísticas sin importar que todos esos números tienen nombre y apellidos.

Que nos llamen, yo no quiero que me llamen, quiero que abran sus puertas todas las administraciones y solucionen los problemas de los ciudadanos, que para llamadas ineficaces ya tengo  las llamadas diarias ofreciendo un nuevo pack Vodafone.

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